lunes, 14 de noviembre de 2016

El Príncipe Perverso

Política | El Príncipe


Maquiavelo
Nicolás Maquiavelo es considerado el padre de la Ciencia Política. Su obra "El Príncipe", constituye una síntesis de su pensamiento político. Dicho libro, escrito en 1513, se caracteriza por su agudeza, sencillez y sinceridad (¿Cuánta falta nos hace hoy escuchar de los trataditas y de los que ejercen la política, qué es lo que realmente piensan?).

En el capítulo VIII, Maquiavelo se detiene a analizar cómo se asciende al principado por medio de crímenes y perversidades. 

Para ilustrarnos sobre el punto, comienza recordándonos el caso de "Agátocles" (o Agatocles), un tirano de Siracusa, quien en su origen sería, en palabras de Maquiavelo, "no solo de condición oscura, sino baja y abyecta". Este hombre, hijo de alfarero, habría desarrollado una carrera militar basándose en una "conducta reprochable", pero que acompañó de tal ánimo y vigor físico, que fue ascendiendo grado por grado hasta ser Pretor de Siracusa. Siendo Pretor, quiso más, ser príncipe -soberano- por lo que se puso de acuerdo  con un cartaginés llamado Amílcar y luego de reunir al Senado y al pueblo en asamblea, con la ayuda del africano, asesinó a todos quienes podían oponérsele. Siracusa no tuvo más remedio que aceptar la autoridad del nuevo monarca.

Maquiavelo reconoce que Agátocles ascendió al poder por la violencia, pero le valora el hecho de que por su causa no hubo guerra civil alguna y pese a todo, pudo mantener a raya a los de Cartago, todo gracias a sus "enérgicas y temerarias medidas" (entre las que se destaca matar a los ciudadanos, traicionar a los amigos, carecer de fe, de piedad y religión).
Agátocles

El autor de El Príncipe se pregunta entonces, cuál es la causa de que soberanos como Agátocles "y otros de su calaña" pudieron defenderse de sus enemigos tanto internos como externos, a diferencia de otros que no pudieron. La respuesta la encontrará en una distinción que hoy suena a escándalo: el buen o mal uso de la crueldad.

Las crueldades se usan bien, cuando se aplican de una sola vez, por absoluta necesidad de asegurarse -nos dice siempre Maquiavelo- y cuando no se insiste en ellas. O sea, para el autor, ha de usarse toda la fuerza posible y toda la crueldad plausible, pero solo en el instante necesario, el primero, para luego, transformar esas crueldades, expresadas en perversidades y crímenes, en actos beneficios para su Estado, para sus súbditos.

La sentencia de Nicolás Maquiavelo es total: "al apoderarse de un Estado, todo usurpador debe reflexionar sobre los crímenes que le es preciso cometer, y ejecutarlos todos a la vez, para que no tenga renovarlos día a día y, al no verse en esa necesidad, pueda conquistar a los hombres a fuerza de beneficios. Quien procede de otra manera, por timidez o por haber sido mal aconsejado, se ve siempre obligado a estar con el cuchillo en la mano (...)".